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Beschreibung
Texter: Ruben Blades
Texter: Walter Flores
Songtext und Übersetzung
Original
Cuando era niño mi barrio era un continente y cada calle era un camino a la aventura.
En cada esquina una memoria inolvidable, en cada cuarto una esperanza ya madura.
Y nuestros viajes de ida y vuelta a los luceros.
Fuimos piratas, saltimbanquis y vaqueros.
Nuestra pobreza nunca conquistó el dinero, pero en las casas nunca se rindió el "yo puedo".
Me iba a la cama con la fe del que ganó.
Me despertaba con la paz del que aprendió.
Que lo importante en esta vida es el tratar, que lo que cuesta es lo que no voy a olvidar.
Crecí luchando como los otros, los que crecieron como yo.
De humilde cuna, con su fortuna llena de sueños, como yo, como yo.
Mi adolescencia no fue fácil de llevar, fue como tratar de atar un zapato al caminar.
Nuestra inocencia retrocede al comprender que en la vida real la injusticia puede golear a la verdad.
Muere familia, se nos va el primer amor, se confunde lo que una vez se afirmó.
Una mudanza deja el viejo barrio atrás, crece el bigote y la responsabilidad.
Trabajaba y pensaba si otros como yo, siendo tan jóvenes, sentían mi soledad.
Si aún compartían nuestras almas la ilusión de que el muchacho siempre triunfa al final.
Me preguntaba si aún habrían otros como nosotros, como yo, aún resistiendo, aún sin rendirse, aún recordando, como yo, como yo.
Y en la curva de los años me encontré con los muchachos con los que solía jugar, con los que senderos de estrellas caminé cuando el horizonte era un atajo sobre el mar.
Y recobramos las memorias con café y nos hablamos aún de tú y no de usted.
Y reafirmamos la lección que el tiempo da, que cuando hay vida siempre hay posibilidad.
La lucha sigue y sobrevive, como nosotros, como yo.
Y en otros barrios hay otros niños como nosotros, como yo, como yo.
Deutsche Übersetzung
Als ich ein Kind war, war meine Nachbarschaft ein Kontinent und jede Straße war ein Weg zum Abenteuer.
In jeder Ecke eine unvergessliche Erinnerung, in jedem Raum eine reife Hoffnung.
Und unsere Rundreisen nach Los Luceros.
Wir waren Piraten, Gauner und Cowboys.
Unsere Armut hat nie über das Geld gesiegt, aber in den Häusern hat das „Ich kann“ nie aufgegeben.
Ich ging mit dem Glauben des Siegers zu Bett.
Ich bin mit dem Frieden von jemandem aufgewacht, der gelernt hat.
Dass das Wichtigste in diesem Leben darin besteht, es zu versuchen, dass ich nicht vergessen werde, was es kostet.
Ich bin mit dem Kämpfen aufgewachsen wie die anderen, die wie ich aufgewachsen sind.
Von bescheidener Geburt, mit einem Vermögen voller Träume, wie ich, wie ich.
Es war nicht einfach, mich in meiner Jugend zurechtzufinden, es war, als würde man beim Gehen einen Schuh zubinden.
Unsere Unschuld verschwindet, wenn wir verstehen, dass Ungerechtigkeit im wirklichen Leben die Wahrheit zunichte machen kann.
Die Familie stirbt, die erste Liebe verlässt uns, das einst Bekräftigte gerät durcheinander.
Ein Umzug lässt die alte Nachbarschaft zurück, der Schnurrbart und die Verantwortung wachsen.
Ich arbeitete und dachte darüber nach, ob andere wie ich, die so jung waren, meine Einsamkeit spürten.
Wenn unsere Seelen noch die Illusion teilen würden, dass der Junge am Ende immer triumphiert.
Ich fragte mich, ob es noch andere wie uns gab, wie mich, die immer noch Widerstand leisteten, immer noch nicht aufgaben, sich immer noch erinnerten, wie ich, wie ich.
Und im Laufe der Jahre lernte ich die Jungs kennen, mit denen ich früher spielte und mit denen ich Sternenspuren entlangwanderte, als der Horizont nur eine Abkürzung über dem Meer war.
Und wir holen unsere Erinnerungen beim Kaffee zurück und reden immer noch über dich und nicht über dich.
Und wir bekräftigen die Lektion, die die Zeit lehrt: Wenn es Leben gibt, gibt es immer Möglichkeiten.
Der Kampf geht weiter und überlebt, wie wir, wie ich.
Und in anderen Vierteln gibt es andere Kinder wie wir, wie ich, wie ich.